Pamplona y su comarca

Monumento al encierro en Pamplona

Podemos recorrer a pie los rincones y monumentos más conocidos de esta ciudad pequeña y manejable, aprovechando que -en estos últimos diez años- se ha peatonalizado gran parte del Casco Antiguo y del Segundo Ensanche. Además, la capital navarra es un pulmón verde que invita a disfrutar sus parques y jardines: como los de Ciudadela, Vuelta del Castillo, Taconera y Media Luna o el de Yamaguchi -construido por paisajistas japoneses para celebrar el hermanamiento con esta ciudad, uno de los destinos de San Francisco Javier como misionero-. El área metropolitana ha crecido “absorbiendo” a multitud de pequeñas localidades, cuyos núcleos urbanos son hoy un todo. Pamplona está situada en el centro de una comarca rodeada de suaves y verdes montañas y de campos de cultivo de secano. La Cuenca es un gran valle perfilado por el río Arga y sus afluentes que, en gran parte, se puede recorrer también a pie o en bicicleta, siguiendo sus cauces a través de un paseo fluvial que sigue creciendo. El clima ofrece grandes contrastes: inviernos fríos, veranos con temperaturas altas -aunque baja a las noches, de ahí, el dicho de la “chaquetica por si refresca”- y primaveras bastante lluviosas.

Historia

Foto propiedad de Sukartean

Entrada a la Ciudadela por la vuelta del castillo sobre los fosos. Sukartean.

“Pompaelo” fue fundada por Pompeyo en el año 74 a.C., sobre el poblado vascón de “Iruña”. Aunque, todavía no se han descubierto restos de esta primera época, podría decirse que, cada vez que se hace una obra en el Casco Antiguo, salen a la luz infinidad de vestigios romanos, musulmanes y/o medievales como, por ejemplo, las antiguas murallas. Que pueden verse en los parkings de la Plaza de Toros y la Plaza del Castillo o los sótanos del Baluarte. Cinco siglos atrás, las murallas delimitaban cada uno de los tres burgos, en los que vivía una población de distintas procedencias: Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Siempre estaban en guerra entre ellos, lo que hizo que las iglesias de San Lorenzo, San Cernin (o San Saturnino) y San Nicolás tuvieran también función militar y defensiva. La iglesia de San Cernin (s. XIII) refleja este carácter en sus torres: la de la campana y la del reloj. En esta última, su reloj es el referente para el disparo del cohete con el que arrancan los encierros de San Fermín. En lo alto, la veleta que la corona con forma de gallo es uno de los emblemas de la ciudad. La de San Nicolás (s. XII) fue el bastión militar del burgo y conserva la sólida torre cuadrangular del reloj, rematada con almenas. Y, aunque la de San Lorenzo, de su origen, sólo conserva la torre de vigilancia, su principal atractivo es la capilla barroca que custodia y expone la imagen de San Fermín. Talla -en madera policromada, s. XV- a la que los pamploneses profesan gran devoción y sacan en solemne procesión cada 7 de julio. En el año 1423, el rey navarro Carlos III el Noble promulgó el Privilegio de la Unión. Fue el adiós a siglos de conflicto entre los burgos que, por fin, se unificaron. Entre ellos, en tierra de nadie, se levantó el primer Ayuntamiento. Después, se derribó y se construyó otro nuevo, en el s. XVIII. Aunque, de él sólo se conserva una hermosa fachada barroca, desde la que se lanza el Chupinazo que anuncia las fiestas de San Fermín.

Arquitectura

Fotos propiedad de Sukartean

Portal de Francia o de Zumalacarregui, en las murallas de Pamplona. Sukartean.

¿Quedamos en la Plaza del Castillo? Es la sala de estar de Pamplona y puede considerarse como el verdadero centro de la ciudad, un lugar de reunión muy común. Desde aquí, podemos subir hasta la catedral, el perfil más emblemático de la ciudad. Santa María se edificó en el s. XV sobre un templo románico que, a su vez, se construyó encima de un capitolio romano. Su gran portada neoclásica (s. XVIII) nos introduce en una construcción gótica de estilo francés, con un bellísimo claustro y una rica decoración –en arcos, puertas, capiteles y claves de bóveda-. Destacan la capilla Barbazana y su interesante portada; el sepulcro de los reyes Carlos III y su esposa doña Leonor, con sus magníficas esculturas de alabastro; y las campanas, entre las que se encuentra la famosa María, la mayor de las que se tañen en España. El Casco Antiguo, con sus calles empedradas y recién peatonalizadas, es una importante zona comercial que concentra la mayor parte de los monumentos de la ciudad. En este recorrido, encontramos palacios como el del Condestable –en otro tiempo, casa del duque de Alba, palacio episcopal y casa consistorial-, el único del s. XVI en Pamplona y hoy, centro cívico del barrio. Más adelante, vemos el palacio barroco de Ezpeleta, uno de los más espectaculares de la ciudad. Destacan también el Archivo General de Navarra -antiguo palacio real y sede de la capitanía general hasta mediados del s. XX- y la Cámara de Comptos -palacio de piedra del s. XIII-, que es la que fiscaliza las cuentas, antes del Reyno de Navarra y hoy de la Comunicad Foral. Ésta es la única administración autonómica que posee un órgano fiscalizador de estas características. Otros dos monumentos que simbolizan los fueros y el autogobierno son el Palacio de Navarra -con su espectacular Salón del Trono- y el Monumento a los Fueros. Ambos están ubicados uno frente a al otro, en el Paseo de Sarasate. Caminando por “lo Viejo”, nos topamos con rincones entrañables como la Plaza de San José -junto a la catedral-, y el rincón del Caballo Blanco -al borde de la muralla-, con unas vistas maravillosas de la parte baja de la ciudad y los montes al norte de la comarca. Las murallas están muy bien conservadas y son uno de sus patrimonios más importantes. Construidas en el s. XVI y monumento nacional, son uno de los recintos amurallados más importantes de Europa. Actualmente, se están restaurando y pueden transitarse a pie en su totalidad, por un recorrido de 5 kms. dividido en 11 tramos. De las 6 puertas de acceso a Pamplona, la única que mantiene su estado original es la del portal de Francia o Zumalakarregi. El hito más importante de las murallas, por su robustez y buen estado de conservación, es la Ciudadela y su entorno -la Vuelta del Castillo-. Esta fortificación del s. XVI fue un recinto de cinco puntas desde las que se podía vigilar cualquier posible incursión. Actualmente, configura el parque más grande de Pamplona y una zona de paseo donde muchos pamploneses suelen hacer deporte. A finales del s. XIX, la necesidad de ampliar el casco urbano llevó a derribar buena parte ellas y a crear los ensanches. El Primer Ensanche se llenó de edificios modernistas, de los que todavía se conserva alguno, como la sede de la Cámara de Comercio o el Parlamento de Navarra, antigua Audiencia. El edificio más conocido del Ensanche -por su importancia en las fiestas de San Fermín- es la Plaza de Toros, la tercera con mayor aforo del mundo. Dividido en cuadriculas y cruzado por 2 grandes avenidas, el Segundo Ensanche se caracteriza por su forma reticular. Víctor Eúsa, arquitecto municipal de la primera mitad del s. XX, diseñó algunos de los edificios más emblemáticos: como el Seminario, el Parque de la Media Luna o la Iglesia de Los Paules, entre muchos otros. Su Avenida de Carlos III es uno de los principales nucleos comerciales.

Cultura

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Encierro de Sanfermín.

En Pamplona, la mezcla entre tradición y modernidad se da a partes iguales, lo mismo que su oferta cultural y educativa. Sede de tres universidades: la UN -Universidad de Navarra, con un largo y trabajado prestigio-, la UPNA -Universidad Pública de Navarra, de crecimiento fulgurante, desde su creación en 1987- y la UNED -Universidad Nacional de Educación a Distancia, presente en la capital desde 1973-. El Museo de Navarra exhibe lo más representativo del arte y la historia navarros desde la prehistoria hasta nuestros días. El Museo Universidad de Navarra -actualmente en construcción- mostrará, entre otras, una de las colecciones fotográficas más importantes de España. Además, los amantes del arte contemporáneo tienen en Pamplona un abanico de posibilidades con las que disfrutar de los movimientos artísticos de los últimos años, cómo la Casa-Museo Jorge Oteiza, en Alzuza -que conserva la esencia de toda la trayectoria artística del escultor vasco-; el Centro de Arte Contemporáneo, en Huarte; y el Palacio de Congresos y Auditorio Baluarte, que concentra la mayor parte de actos culturales de Navarra. Pero, lo más conocido, internacional y multitudinario de Pamplona es, sin duda, la fiesta de San Fermín, co-patrono de Navarra junto con San Francisco Javier. El escritor estadounidense Ernest Hemingway la convirtió una fiesta internacional que hoy cubren medios de comunicación de todo el mundo. Nueve días que los navarros comparten con personas llegadas todos los lugares. El programa está formado por más de 300 actos. El más conocido y retransmitido es el Encierro. Una multitudinaria y vertiginosa carrera en la que los corredores acompañan a los toros desde el corral donde pasan la noche hasta el coso en el que se lidian esa misma tarde. Otros actos importantes son la emotiva procesión de San Fermín, el día 7; los recorridos de la comparsa de gigantes y cabezudos, que ya han cumplido 150 años; o las corridas de toros, que se diferencian de las demás porque el ambiente está tanto en el ruedo como en el tendido de sol, con la música, las meriendas y los litros de sangría de las cuadrillas que forman las peñas.

Gastronomia

Fotos propiedad de Sukartean

Barra típica de pinchos, Bar Bistrot. Sukartean.

Pamplona reúne en sus fogones todos los aromas y sabores de Navarra, tanto las recetas de la fértil huerta del Ebro como los contundentes guisos de la Montaña. Podemos degustar y adquirir productos navarros de calidad reconocida: como pimientos del piquillo, espárragos, alcachofas, quesos de Roncal e Idiazabal, vinos con denominación de origen Navarra y Rioja, cavas, pacharán, ternera y cordero de Navarra, alimentos artesanos y/o ecológicos, así como postres como la cuajada con o sin sabor a quemado, chocolates y repostería artesana típica. También, encontramos productos de la Cuenca como el chorizo de Pamplona, el txistor o chistorra (una longaniza fresca que se come frita o asada), y el relleno (una morcilla de huevo y arroz con menos grasa que las morcillas tradicionales) que se suele comer acompañado de salsa de tomate y de pimientos. Si no hay tiempo para sentarse a la mesa o simplemente por puro placer, nos vamos “de pintxos” por los bares del Casco Antiguo, auténtica alta cocina en miniatura. Cada año la Asociación de Hostelería de Navarra organiza un concurso en el que participan buena parte de los bares de Pamplona y algunos del resto de Navarra.

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